Tu AMOR no siempre gana

Ya es de urgencia abordar lo absurdo del slogan sensiblero “love wins” (el amor gana) que se suele enarbolar desde el colectivo LGTBQ+ (y todas las empresas que quieren sacar rendimiento de él) en el ámbito de las luchas por los derechos. [La variante “amor es amor” también es analizable desde este punto de vista].

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El “love wins” es un mantra con tintes que rozan lo religioso y, en ocasiones, lo encontramos en su variable “love is love”. Empezó a coger vuelos con este cariz tras la aprobación de la ley del matrimonio igualitario en Estados Unidos y es una frasecita que hace daño, por muy guay que parezca. En primer lugar, apelar al AMOR como referente último, como ente superior, como el fin y el medio más anhelado es un error; además de falso. Es mantenernos en la validez del mito de la omnipotencia del AMOR (romántico), que tan bien explica Coral: “la creencia de que ‘el amor lo puede todo’ y debe permanecer ante todo y sobre todo”. Este mito, y todos los demás, hace aguas por todos los costados y son los que nos han reventado desde bien pequeñas el poder relacionarnos de manera higiénica y saludable.

La lucha por la consecución de los derechos no tiene una motivación amorosa, no. Y lo siento si se empiezan a caer los palos rosa del tinglado comercial de las emociones. La motivación es la justicia, la equidad, la ética, la dignidad y, en definitiva, el cuidado de la vida humana. No es amor ni siquiera simbólicamente. O quizás sí lo es en este continuo traqueteo del consumismo del AMOR.

Por ejemplo, el matrimonio en su base misma no es amor. Cuando te casas no accedes a más amor. No es amor. Es una figura jurídica que te da una protección legal y un estatus social que te diferencia al alza con el resto de uniones entre personas que no son contempladas legalmente. Significa subir un escalón en la escalera de las relaciones. Y el siguiente es tener descendencia.

A ver si con estas dos ya hemos captado la idea: si una pareja de dos mujeres consiguen ser inscritas ambas en el registro como madres oficiales de su criatura o si consiguen inscribir a la criatura concebida sin padre varón de cuerpo presente o sin que les obliguen a explicar cómo lo han concebido , ¿qué es? ¡Muy bien! ¡Justicia! Y finalmente (y quizás esto se ve más claro): si las personas trans pueden cambiar su nombre en el DNI por el que les de la real gana o no tienen que pasar un test de la vida real desde unidades psiquiátricas que las patologizan es…. JUSTICIA y victoria sobre el trans-antagonismo, el último bastión que les/nos peta la cabeza de la norma.

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Si hay matrimonio posible, pa las que quieran casarse, pues no se demoren ustedes. Pero no es AMOR: es consecución de derechos sociales (como el resto de la masa heterosexual) por parte de personas disidentes de la heterosexualidad. Y digo heterosexualidad y no heteronorma porque quitar a la “norma” del encuadre no es tarea baladí. [[El tema de la asimilación es otro]].

Si quiero derechos no los quiero en base al concepto de mi AMOR hacia otra persona al que esta gente está aludiendo. Es que son míos y tengo claro que yo soy yo y no en cuanto al tipo de relación establezco con otra(s).

Mari Luz Esteban hace muy buen análisis de lo que ella llama ‘pensamiento amoroso’: la concepción del “…amor como lo más genuino del ser humano. Cuando amamos es cuando más somos nosotros mismos”. Ella apela a otros conceptos: la solidaridad, la justicia, la libertad, el compromiso. Conceptos que existen, pero que terminan ahogados en el mar del (mercado del) AMOR, sin que nadie salga los rescate. Pero es que el AMOR vende mucho más. Fríamente, significa más negocio y cómodo nido de gaypitalismo.

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Las victorias de liberación (en forma de grietas pequeñitas que un día provocan la caída de la casa más sólida) o las rupturas de los sistemas de conducta por parte de las personas o colectivas no heterosexuales no se han llevado a cabo con un “love wins” en la boca; ni con un omnia vincit amor de Virgilio tampoco. Ya sean luchas violentas o no-violentas, el “love wins” reduce todo este esfuerzo a un decorado de amapolas en el campo como fondo a una reunión hippie.

En el fondo, temo ver, algún día caluroso de junio en conmemoración de la revuelta de Stonewall, un meme con la imagen de Sylvia Rivera y un “love wins” por algún rincón de la imagen.

Si nos paramos a pensar de nuevo, la gente que no se ajusta al estereotipo de género (no-binarias o queer) o la personas trans no sufren violencia diaria por su amor a otra persona. Ni por la potencialidad de establecer relaciones afectivas con otras “monstruas”. Es porque no se ajustan y suponen una amenaza. Y punto. Porque cuando andan diciendo AMOR, aluden a todo un sistema de organización política, económica y social que dicta de qué manera nos relacionamos todes. Quiero poder desarrollar mi vida tranquilamente y disidente de la heteronorma (que esta sí que parece ser omnipotente) y me niego a que el AMOR, su concepto del AMOR, articule el cómo y el por qué. Quiero poder fugarme de la heterosexualidad sin recibir la violencia de ser tildada marimacho, amargada o malfollada.

Así que ya sabéis: cuando sintáis una de las fuerzas que, con toda la virulencia y agresividad, quiere reventarte por dentro, quiere hacerte sentir mierda y desmoronarte los cimientos que taaaanto cuesta construir y reparar todo los días, tened cuidado porque ni  el “love wins” de tu boca ni el “love wins” global la va a combatir en absoluto.

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3 comentarios en “Tu AMOR no siempre gana

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