BLOQUE ANDALUZ DE REVOLUCIÓN SEXUAL

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     Queremos hacer oficial nuestro segundo cambio de nombre como colectiva tomando como referencia estos primeros días de diciembre que nos recuerdan cómo un 4D el pueblo andaluz se levantó en masa para reivindicar sus derechos. Ya en su momento hicimos el cambio de las siglas LGTBQ+ por las palabras “Revolución Sexual” y, con el pasar de los años, al ir sumando experiencias personales como migrantes y/o como militantes de otras organizaciones, asociaciones y/o colectivos hemos llegado a la conclusión de que nuestra procedencia cultural también es un eje de lucha que debemos contemplar.
     En nuestra colectiva hay integrantes que se consideran independentistas, también las hay soberanistas o simplemente ciudadanas del mundo. Pero al añadir a nuestro nombre “Andaluz”, no estamos haciendo referencia solamente a un lugar geográfico, estamos también señalando las particularidades y factores de opresión que nos vertebran según nuestro lugar de procedencia.
     Estamos haciendo referencia a ese hacer las maletas para huir de la homofobia que sufríamos en el pueblo, para luego llegar a un Chueca donde nos estigmatizaron por cecear o sesear, por espirar las eses, por “relajar” la jota. Nos referimos también a habernos creído que nuestra tierra era más machista y homófoba que ningún otro lugar, obviando todos los factores socioeconómicos que la han hecho ser tierra precarizada y con bajos niveles de formación y donde, debido a esto la Iglesia Católica, ha tenido uno de sus principales fuentes de feligreses, alineando nuestras religiosidades bajo el heteropratriacal modelo nacionalcatolicista
     Apuntamos a cómo el campo y la actividad agraria han sido secuestradas y se condensan en cinco o seis familias que han ido heredando desde siglos atrás hectáreas fértiles y, a la vez, ese poder intransferible de explotar a lxs jornalerxs  y someterles a pésimas condiciones de vida, suspendidas en hilos de contratación azarosa; a cómo la emigración azotó con fuerza esta tierra: miles de personas expulsadas de Andalucía, hacia un norte “más elegante, más culto y avanzado” que les prometía una vida menos arrastrada. Nuestra tierra ahora, vergel para el turismo y la expoliacion de nuestra naturaleza, se ve sometida a un modelo socioeconómico donde miles y miles de personas se ven atrapadas en trabajos en régimen de esclavitud contemporánea controlados por grandes grupos empresariales que están desdibujando nuestra identidad colectiva y cultural.  
     Fuera de aquí también hemos comprobado que tener pluma y ser de Andalucía era ya el colmo del chiste y la gracia. Nos remitimos a cómo al prototipo de la mariquita andaluza o la típica chacha, modelos exportados por el norte para fijar, como de otras tantas maneras, modelos despolitizados, ridículos y no peligrosos políticamente.  
     Nos referimos incluso a detalles como cuando no nos atrevemos a escribir chícharos en el menú de nuestros cenadores veganos para actividades transfeministas, y lo sustituimos por un vocablo más fisno: “alubias”, “garbanzos” o “guisantes” según la localidad. Y es que es en los espacios más politizados donde muchas veces nos vemos (auto)censuradas por no expresarnos de un modo considerado más “académico”, más “formal”, que muchas veces se podría traducir en que simplemente nos expresemos de un modo menos andaluz. Por eso, consideramos importante reivindicarnos como andaluzas sin ningún tipo de complejos y a recuperar y resignificar también nuestra historia y referentes.
     Siglos y siglos de procesos inquisitoriales y de genocidios culturales desde la conquista castellana han hecho que olvidemos a las principales integrantes de, llamémosle, la resistencia. Fueron muchas mujeres las que desde su papel como cuidadoras se encargaron de transmitir a las siguientes generaciones sus costumbres andalusíes y tradiciones religiosas propias. Desde las instituciones educativas tampoco nos han hablado de mujeres poeta como Wallada o de toda la poesía homoerótica de Almotamid o Ibn Sahl. Al igual que se olvida mencionar en tratados sobre la Historia de la Sexualidad (Foucault, por ejemplo) la propia vivida aquí mismo y en otros tiempos, pero no la del Renacimiento Italiano o la Victoriana anglosajona. Y, ¿quién sabe de Elena de Céspedes? Trans, mulata y cirujana del siglo XVI, de Alhama de Granada.
     Está claro que los referentes históricos andaluces, transgresores y/o subversivos tenemos que buscarlos y reapropiarnos de ellos. Si no, ya lo harán por nosotras y en otros sentidos. Sucederá como con Lorca, pionero en acercarse al pueblo gitano y al flamenco, por lo cual entonces se le tachaba de mariquita y andaluz de tabernas, y ahora que se le considera un gran poeta y un genio, es simplemente español. 
     Vemos necesario señalar que el españolismo es fascista, puesto que niega la existencia de las diferentes naciones que componen el Estado Español, a la vez que inventa una supuesta identidad española común a todas las comunidades autónomas, robando elementos culturales propios. Por ejemplo, el flamenco ya no es andaluz, sino español; y el castellano al ser considerado la lengua común pasa a ser llamado español. Es más, el españolismo divide las naciones al establecer fronteras territoriales ficticias, se inventa provincias en lugar de comarcas y, sobre todo, jerarquiza unos territorios sobre otros. El españolismo se sustenta en el nacional catolicismo que tanto daño nos ha hecho y hace a las disidentes sexuales: desde los delitos de sodomía perseguidos por la Inquisición hasta la Ley de Vagos y Maleantes del Franquismo. Atacan todo lo que no encaje en su concepto de “orden” (la mujer en la casa con la pata quebrada y el hombre cabeza de familia) desde plataformas como el Foro de la Familia, AES y Hazte Oír. 
     También hacemos una llamada de atención al Andalucismo, desde donde también deberían tenernos mucho más en cuenta. Menos hombres de luz y almas de hombres, y más “extravagantes del sur”, que dirían de Despeñaperros para arriba.  Nosotras también somos luchadoras activistas como Juana Orta, Gabi Lima, Shangay Lily y Mar Cambrollé. También somos artistas subversivas como Ocaña, Las Costus, Pepa Álvarez y Martirio. Y a todas nosotras nos ha parido esta tierra y venir de ella también nos ha marcado y nos marca. Existimos y deberíamos existir siempre en las plazas y patios vecinales, en las fiestas y carnavales, y por supuesto en los 4D.
Andalucía libre de LGTBIQfobia, Andalucía libre de machismo.
Por una Revolución Sexual del Pueblo soberano andaluz

 

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